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19 de Mayo del 2013 - Tucumán - Argentina

Difícil de creer, fácil de imaginar

Por Osvaldo Aiziczon

22 . 05 . 2012 | 06:23

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La sensación de inseguridad –o como quiera se llame al miedo inminente a sufrir agresiones por desprotección real o aparente-  puede llevarnos  a construir un modelo o arquetipo de policía que pueda calmar nuestras ansiedades, sacándonos la angustia y mejorando la convivencia.  Construir este modelo de seguridad, fuera de las evocaciones melancólicas del  “vigilante de la esquina”, como en años remotos, supone rasgos de conductas extraídos de tantas fuentes que haría cansadora su recopilación.  Pero sí pondríamos dentro de estos uniformes personas reflexivas antes de la acción, uniendo poder con responsabilidad en lo que a uso de armas se refiere, estado físico acorde a urgencias reales de la demanda, comprensión del peligro antes, durante y después de su  aparición.  Ojos entrenados que sepan  mirar para poder ver y entender lo que pasa. Y también a veces lo que no pasa.  La tan mentada vocación de servicio que supone el orgullo de cuidar a otros como a sí mismo se ha convertido en virtud debido probablemente a su escasez.  De ahí la necesidad de controles –y de controles de controles- para asegurar probidad, sancionar transgresiones y reeducar la función.  Perón decía, no se si incluyéndose, que “el hombre es bueno, pero si se lo vigila es mejor”.

 

En una sociedad cada vez más narcisística como la nuestra- léase egoísta- se disfruta más recibiendo que dando.  Hasta que la civilización nos alcance y nos permita sentir que creer en cambios no es ilusión.  Mientras tanto “vocación de servicio” produce sarcasmos propios del doctor House y la sensación de inseguridad ha reiterado que no se va.

 

Borges decía en uno de sus poemas que sólo se pierde lo que nunca se tuvo.
Qué cosa, ¿no?

 

OSVALDO AIZICZON

Mayo 2012
 

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