Martes 21 de Noviembre, 11:02 hs
Osvaldo Aiziczon
POR OSVALDO AIZICZON

El mundo se achica

Lo invitamos a leer la nota de nuestro columnista, el psicólogo Osvlado Aiziczon.

El mundo se achica

El mundo se achica mientras se piensa...

Subió a su auto y arrancó. Tengo tiempo, pensó mientras calculaba. Tengo tiempo para llegar a tiempo. Hasta podrían sobrarle varios minutos, siempre y cuando eligiera calles libres de probables embotellamientos. Aún así parecía razonable la relación velocidad, recorrido, horario. La impuntualidad para este encuentro tan ansiado  era un gran factor en contra, se advirtió. La mera presencia del vehículo lo tranquilizó.
 
Las primeras cuadras, fluidas, no auguraban dificultades. Llegó el primer rojo de los semáforos. Lo de  siempre: la pereza del freno o la taquicardia del acelerador. Tranquilo, no se modifican los cálculos, se dijo. Pero los cambios de luces no explicaban la demora y anticipaban la iniciación del atraso. La fila no se mueve. Ya vendrán los varitas a ordenar el tránsito, imaginó. La humorada  le produjo una impensada carcajada pero en instantes volvió a afligirse.
 
El tiempo reanuda su vieja costumbre de pasar y casi todos los conductores  empiezan a ver caminos imaginarios en pequeñas parcelas de pavimento. Maldijo el recuerdo –y al amigo- que le había dicho que el auto era una silla de ruedas o, mejor aún, un sillón con ruedas. Me cortaron las piernas como Maradona, pensó, tratando de minimizar con humor lo que ya era angustia. Parezco el personaje de Cortázar en "La autopista del sur” ¡Necesito movimiento! –rogó-. (intestinal no, se aclaró). La medialuna, maldita sea, la última medialuna que comí me llevó dos minutos que ahora los necesito. Y ese imbécil que se tira a la izquierda estando tan a la derecha. Y no es un problema ideológico  sino de tránsito.
 
Ya estoy atrasado, ya quedo mal. ¿Y si le envío un mensaje? Peor. Queda como excusa de cuarta calidad. Y para colmo ahí llegan los reproches: te hubieras acostado más temprano anoche, levantarte antes por la mañana, desayunar después… Pero ¿qué veo? ¡Una ambulancia! ¡Salvado! Me pondré tras de ella y saldré del encierro. Pero ocho cretinos como yo han pensado lo mismo. Ya no quedan dudas, la sentencia es definitiva: el tránsito es la perversión del espacio.
 
PD; Respuesta a una pregunta imaginaria de un lector imaginario: No: no tengo auto.
 
OSVALDO AIZICZON
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