Viernes 21 de Julio, 03:47 hs
Opinión por JORGE FONTEVECCHIA | Perfil

El regreso de los sofistas

Los sistemas emocionales de los países occidentales se manifiestan en forma de populismo y nacionalismo.

Escribió Freud en El malestar en la cultura: "El pueblo de Israel se había considerado hijo predilecto de Dios y cuando el gran Padre permitió que se abatiera sobre ellos desdicha tras desdicha, no se apartaron de aquel vínculo ni dudaron del poder de la justicia de Dios, sino que produjeron los profetas que les pusieran por delante su pecaminosidad, y a partir de su conciencia de culpa crearon los severísimos preceptos de su religión. ¡Qué distintos se comportan los primitivos! Cuando les sobreviene la desdicha, no se atribuyen la culpa: la imputan al fetiche, que manifiestamente no hizo lo debido, y lo aporrean en vez de castigarse a sí mismos”.

En los países más desarrollados, el fetiche actual son los políticos tradicionales, a los que se reemplaza con cómicos, empresarios y celebridades de todo tipo. Pero en los países más atrasados, el fetiche es el sistema político integral: la democracia republicana. La columna de ayer se focalizó en la violencia islamista como respuesta al descontento que les produjo tanto el comunismo como la democracia occidental, por ser sistemas racionalistas ajenos a su mentalidad emocional/religiosa. La de hoy, en los sistemas emocionales de los países occidentales, que se manifiestan en forma de populismo y nacionalismo.

Goethe escribió: "Quien posee ciencia y arte tiene también religión; y quien no posee aquellos dos, ¡pues que tenga religión!”, indicando que no son excluyentes y que a la vez son sustituibles entre sí. Las sociedades más primitivas compensan la falta de lo primero, pero también en los países más desarrollados, cada vez que la ciencia (la economía y la política) no cumple con las expectativas, lo mítico viene a completar esa falta. 

Sometido al principio de realidad ante la frustración de lo material, el fundamentalismo promete independizar al sujeto de su destino canalizando la satisfacción hacia procesos anímicos internos que desvalorizan la vida terrenal y la productividad: "Que la cultura no está concebida únicamente para lo útil lo muestra el ejemplo de la belleza”, escribió Freud en su mismo ensayo.
 
La posverdad. En el estadio prelógico de la Grecia arcaica, donde reinaban los sofistas,  "los oradores atenienses explotaban a fondo las trampas de la gramática, de la semántica y del razonamiento para desarmar a sus adversarios políticos, creaban exitosos espectáculos públicos en los que sacaban a la luz las artimañas y artificios”, escribe el filósofo belga Pierre Roo en su libro ¿A dónde va la verdad? Y continúa: "¿Cómo conciliar el uso de la palabra al servicio de la concordia social, que introduce armonía en la ciudad, con esa evidente falta de virtud, el uso de la duplicidad, la trampa y la artimaña para convencer al auditorio? ¿Se puede conciliar verdad y política? Y la respuesta ofrecida por Platón en ese debate con los sofistas fundaría la filosofía”.

Pero la razón, el gran invento de Platón para desarmar a los sofistas, es vista en ciertas ecoculturas menos intelectuales como otra forma de mentira, una estratagema de la inteligencia tramposa. Los sofistas están regresando cada vez con más éxito en la política. Platón escribió en La República: "A menos que los filósofos lleguen a reinar en las ciudades, o los que hoy se llaman reyes y dinastas filosofen de manera auténtica y satisfactoria, y coincidan entre sí el poder político y el poder filosófico, no se pondrá fin a los males de la ciudad ni del género humano”. 

Desde Cambridge, veintitrés siglos después, Ludwig Wittgenstein decía que "lo que hace que un objeto sea difícil de comprender no es que para comprenderlo se necesite alguna instrucción particular concerniente a cosas abstrusas, sino la oposición entre la comprensión del objeto y lo que la mayoría de los hombres quiere ver”.

"El hombre es la medida de todas las cosas”, sostenía Protágoras, el gran sofista que en su oposición a Platón creó su filosofía. Platón quería poner la terrible arma de la lógica en manos de los gobernantes que filosofaran. La propuesta de Platón era decir la verdad sobre la verdad para desenmascarar a los sofistas en sus veleidades ilusorias.

El próximo será el último domingo sin Trump como presidente de Estados Unidos. Si Platón pasara por Washington el viernes siguiente y viera la asunción de Trump, resignado diría que el ser humano sigue habitando sus ideas y atrayendo el fruto de sus pensamientos. 
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