Viernes 24 de Noviembre, 08:27 hs
Osvaldo Aiziczon
OPINIÓN

Día de la Madre

Una interesante reflexión, en la pluma del psicólogo Osvaldo Aiziczon.

Ya firmemente instalados dentro del día de la madre, el primer problema se nos presenta en cómo salir. Y como generalmente se sale por donde se entró, la cosa, se vuelve más complicada.

Pero tratemos de ir más despacio: Lo que caracteriza la relación con la madre no es exactamente una situación habitual de comunicación sino algo básicamente marcado por un adentro-afuera.Si a esto le agregamos factores de orden temporal, nuestro vínculo con ella es, en el fondo, el de un niño con una señora grande. Ella, por su parte, tendrá la tendencia a vernos siempre como pequeños lo que permitirá que su mirada sea grande. La mirada, digo, porque quizá ella no quiere ser tan grande. Usted sabe: todos quieren vivir muchos años pero nadie quiere ser viejito. Ahora bien, cuando nosotros los hijos somos grandes, nos enternece verla achicada, chiquita, una variante de viejita. No es este resultado visual compatible con lo que sentíamos, entonces, de niños: que nuestra mamá era grande porque nosotros éramos chiquitos.No obstante, le decíamos ¡mamita! como achicándola hacia nosotros. Cuando se hace viejita no parece ya nuestra mamá, mucho menos mamita, ni tampoco nuestra chiquita.Es viejita y podríamos visualizarla, sin darnos mucha cuenta, como a nuestra abuelita a quién reconocíamos como viejita oficial cuando nosotros éramos chiquitos. Ahí sí, ¿ven? Parece que encaja mejor chiquita con viejita, propiamente las dos puntas y la ternura más cerca.

Sigamos entonces.Llegó el día de la madre y lo que nos sale es transmitirle que ella es todo para nosotros.¿Seremos nosotros todo para ella? Claro que sí, nos responderá probablemente. Pero si tenemos hermanos surgen algunos problemas: sería muy egoísta que al ser nosotros todo para ella, nuestros hermanos pasen automáticamente a ser nada. Es mucho mejor, en ese caso,considerarnos cada uno una parte para ella y que juntos con los hermanos hagamos un todo. Pero –¡ojo!- para que seamos un todo deben estar juntos los hermanos. Porque si no, al reunirnos con nuestra madre, que es todo para nosotros, se formaría un todo-todocon el riesgo de que cada todo pase a ser considerado una mitad. Y eso no está bien.

Finalicemos diciendo que vivir es muy bueno –si nos dejan, como dice Luis Miguel-. Lleva al amor y agradecimiento, junto con algunos rezongos. Nuestra madre, y digo nuestra para que por un rato seamos todos hermanos, quiso, con sus ganas y con su cuerpo, que estemos en este mundo.Viva nuestra madre, entonces,aún cuando no viva, con todo su amor y con sus dos partes: de la cintura para arriba y de la cintura para abajo.

OSVALDO AIZICZON

Octubre 2017

Comentarios