Martes 23 de Mayo, 15:44 hs
Osvaldo Aiziczon
OPINIÓN

La oreja de Perón

Lo invitamos a leer la columna del psicólogo Osvaldo Aiziczon.

En los tiempos actuales argentinos todavía no se sabe bien  si cubrir o descubrir la famosa grieta.
 
Una anécdota, entonces, emergiendo de mis recuerdos más curiosos, surge de noviembre de 1968 cuando un pequeño grupo de psicólogos y estudiantes visitamos a Perón, mejor dicho, Perón nos recibió en su quinta 17 de octubre, Puerta de Hierro.  Los temas y contenidos de lo allí visto y oído quedan, por su extensión y análisis,  para otra oportunidad.
 
Lo que ahora importa para la salud de la democracia es cómo se habla y cuánto se escucha. En el ejemplo  que mencionamos analizamos a la distancia aquel momento donde mirar era admirar a este señor que podía hacer coincidir su persona con un ideal. Mientras su discurso encendía brillos, nosotros nos apagábamos, salvo que nos identificáramos con su liderazgo. Cuando su inteligencia política exhibía una oreja privilegiada por haber captado las reales demandas que se le formulaban, una lealtad psicobiológica se instalaba en el oyente.
 
Perón no preguntó nuestros nombres –ni falta que hacía- porque nosotros estábamos con Perón y no Perón con nosotros. El como local, nosotros como visitantes. Son esos casos donde la generosidad tiene el tamaño de la vanidad: ¡cuatro horas y quince minutos hablándonos! ¡cuatro horas y quince minutos hablando de si mismo! Sintiéndonos, al escucharlo, naturales privilegiados a heredarlo en su genial captación. Mostrando  que no sólo se come con la boca. Nosotros ya estábamos ávidos por regresar a Argentina buscando orejas que reciban este relato.
 
Parafraseando un poco a Luis XIV, aquí no sólo el estado sino que, además, "lo mejor soy yo” Haciendo visible así que junto a la enfermedad del poder está la de no poder.¿Y la grieta?  Bien, gracias. El problema de la grieta no es su profundidad abismal sino que tiene dos lados: uno sordo y el otro ciego.
 
OSVALDO AIZICZON
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