Martes 26 de Septiembre, 08:00 hs
Osvaldo Aiziczon
OPINIÓN

¿Pesimismo? ¿optimismo? ¡es casi lo mismo!

Una interesante reflexión, en la lupa del psicólogo Osvaldo Aiziczon.

Mientras Dios y el Diablo, tomando mate, charlaban acerca  de cual  destino eran merecedores los humanos, llega un mail de Albert Camus advirtiéndolos que en el pesimismo sólo se trata de un descorazonamiento frente al porvenir llamado inquietud.  Lograr que el Diablo y yo tomemos mate de la misma bombilla supone una cercanía íntima  permitiéndonos ser discretamente optimistas, dijo Dios. También cumplimos así con la conciliación obligatoria, agregó el Diablo.   En ese momento llega un segundo mail de Camus donde se suma la dinámica del miedo ligado a los orígenes del pesimismo:   hay los que tienen miedo y los que no lo tienen. Pero los más numerosos son todavía los que no han tenido tiempo de tenerlo.
 
En el pesimismo nos espera lo peor. Eso te pasa por esperar, susurra una voz: el que espera, desespera. Alguien espera lo mejor  porque le ayuda a creer que lo peor está pasando. Y ya sabemos que en variados ámbitos vale más lo que suponemos que lo que es. Pero lo idealizado está construido para que no se cumpla, como lo demuestra nuestra cultura. Pareciera que la sociedad busca estar más excitada que satisfecha. Y anticipa, en la espera, que sólo llegará más de lo mismo. El pesimismo está hecho también de profundas decepciones a ilusiones infantiles, allí donde la falta educa a la abundancia. Tiende así a dar carácter repetitivo a todos los pronósticos. Llega un tercer mail de Camus: Esto no puede durar, es demasiado estúpido. La estupidez insiste siempre, uno se daría cuenta de ello si no pensara siempre en sí mismo. No intervengas más por ahora, Albert. Pórtate bien, dijo Dios. Es verdad –apoyó el Diablo- a veces los muertos no  deberían hablar. Termina la reunión. Momento de regalos: Dios obsequia al Diablo varios extinguidores. El Diablo por su parte ofrece a Dios extinguirle algunos funcionarios ateos. Queda la agenda abierta para otra mateada si el optimismo lo permite. Pero eso sí: esta vez con bizcochitos.
 
OSVALDO AIZICZON
aiziczon@arnet.com.ar
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