Jueves 20 de Septiembre, 14:21 hs
Osvaldo Aiziczon
OPINIÓN

Me too y times up o El ruido del deseo

Te invitamos a reflexionar junto al Lic. Osvaldo Aiziczon en esta columna.

Me too y times up o El ruido del deseo

Ilustración gentileza: http://www.kidsemotion.com.mx

Ilustración gentileza: http://www.kidsemotion.com.mx

Esta rara ensalada donde suelen mezclarse las amenazas, el miedo, el dominio y la obediencia, carece de entendimiento por la ausencia del no. Ese no, organizador del deseo, permite discernir o construir un acuerdo satisfactorio para ambas partes. Hablar de acoso surge  cuando el no ya se ha manifestado. La violencia comienza a mostrarse para el sí del miedo.
 
La poderosa excitación masculina, tan difícil de renunciar, halla caminos perversos para insistir: ahora no sólo quiere el sí sino también el no de la mujer. Surge la figura del violador que goza de lo prohibido, relación incestuosa incluida. Para muchos es mejor estar excitado que satisfecho. La mujer comienza a convertirse en víctima y leída como victimista en situaciones legales.
 
Me too  y times up, como instituciones, tratan de abarcar una defensa necesaria pero insuficiente en la que, paradójicamente, tiene más repercusión  periodística la derrota que  el  triunfo. El deseo no se educa. La renuncia sí. Una sociedad como la nuestra, con su enorme desprecio por la ley no modifica posiciones personales.  Une en un solo acto el acoso con el acaso y el ocaso final que nunca llega para mejorar destinos. Junto al "yo también” y "el tiempo terminó” preanuncian quizás un "yo tampoco”. Como si la coexistencia humana  sólo pudiera sostenerse en la contradicción.
 
Los hombres casi siempre viven su potencia puesta a prueba. Y a las mujeres como testigos directos y peligrosos de sus fracasos psicosexuales. Los celos, tan tiernos en los boleros y tan posesivos en la realidad, generan dueños ficticios  de cuerpos y orgasmos. Las palabras, también peneanas y penetrantes no logran acceder a su objetivo y muchas veces desembocan   en reproches estériles donde la oreja es más confiable que la lengua.
 
El deseo, esa instancia que está donde no se lo busca y desaparece de donde estaba, parece jugar con  nosotros dándonos algo de toda la nada que ofrece.

OSVALDO AIZICZON
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