POLÍTICA INTERNACIONAL

Por decisión del presidente Macri, el embajador Porretti regresó a Caracas

Porretti arribó al país petrolero en el día de hoy, con la intención de que Argentina no pierda influencia en la crisis venezolana.
sábado, 02 de febrero de 2019 · 17:37

En la tarde del sábado, aterrizó en Caracas el encargado de negocios de la Embajada Argentina Eduardo Porretti, quien tendrá la misión de profundizar las relaciones con el gobierno del presidente interino Juan Guaidó. El diplomático había sido retirado del país por el gobierno de Mauricio Macri en repudio a la asunción de Nicolás Maduro tras unos comicios denunciados como fraudulentos e irregulares por parte de la oposición y la comunidad internacional, consignó el diario online Infobae.com.

Porretti es el hombre de Macri en Caracas. Con una larga experiencia diplomática y estudios académicos en Estados Unidos y la Argentina, debe hacer un difícil equilibrio en Venezuela. Maduro ya no tiene legitimidad institucional, pero por ahora controla el territorio, las Fuerzas Armadas y la administración pública. Juan Guaidó está respaldado por la mayoría de las democracias de Occidente, pero todavía no puede evitar que lo persiga el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN). En Venezuela hay vacío de poder, pero la transición de Maduro a Guaidó aún es un caos sin hoja de ruta.

Se trata de una situación inédita. En 1958, cuando Fidel Castro avanzaba sobre La Habana, la diplomacia secreta de Estados Unidos tenía diálogo con el líder revolucionario, mientras la Casa Blanca continuaba apoyando al dictador Fulgencio Batista. En 1978, cuando el líder fundamentalista Ruhollah Jomeini preparaba el asalto final a la monarquía de Reza Pahlevi, la inteligencia americana trabajaba sin horario en París y Teherán para saber si era factible una revolución islámica en Irán. Ambos casos se parecen: vacío de poder, crisis institucional, y un régimen que deja lugar a otro.

Pero en este contexto, Venezuela es un caso geopolítico distinto, anómalo, diferente. Maduro y Guaidó conviven en el mismo territorio, protagonizando una inestable convivencia política que tiene final abierto. Castro era reprimido por Batista y Jomeini estaba en París perseguido por la guardia pretoriana del Sha. Batista y Reza Pahlevi fueron dictadores de origen, ambos apoyados por la Casa Blanca. Maduro, en cambio, convirtió la democracia venezolana en caricatura.


Macri reconoció a Guaidó, pero la seguridad de la embajada argentina en Caracas es una tarea que pertenece a Maduro. Si un periodista argentino es detenido en Venezuela, el embajador Porretti tiene que ir a la Cancillería de Maduro. Y si Maduro lo convoca a una reunión protocolar, Porretti debería ir. La Casa Rosada validó a Guaidó como Presidente interino de Venezuela, pero nunca rompió relaciones con el régimen bolivariano. La situación es inestable, inédita y en permanente tensión.

Porretti será embajador y equilibrista en Venezuela. Maduro no quiere forzar el escenario geopolítico y acepta la dinámica de una secuencia internacional que presenta un curso errático e imprevisible. Para los próximos días se aguarda una reunión de cancilleres del Grupo Lima en Canadá, un cónclave en la Organización de los Estados Americanos (OEA) empujado por la diplomacia americana, un encuentro de países que aún apoyan a Maduro en Montevideo (convocado por Uruguay) y el anuncio de la Unión Europea (UE) avalando la autoproclamación de Guaidó como presidente provisional de Venezuela.

Esta secuencia diplomática es monitoreada por Macri, el canciller Jorge Faurie –que viaja a Canadá—y el secretario de Asuntos Estratégicos, Fulvio Pompeo. En la cumbre de cancilleres del Grupo Lima se ajustará el torniquete institucional a Maduro, en Uruguay –a contrario sensu—se buscará un atajo para evitar que el líder bolivariano caiga y en la OEA  se exigirá que Venezuela sea considerada un régimen dictatorial.

En todas estas instancias, Macri aparece como un jugador clave aliado a Donald Trump y Jair Bolsonaro. Argentina, Estados Unidos y Brasil pujan por una salida rápida de Maduro, una hoja de ruta y elecciones presidenciales durante 2019.

La llegada de Porretti a Venezuela sirve para tener información en el terreno y actuar como un nexo diplomático entre la Casa Rosada y Maduro y Guaidó. Es un típico juego de poder: el embajador argentino se reunirá con altos funcionarios de Maduro (aunque oficialmente para la Argentina ya no es presidente de Venezuela) y mantendrá encuentros con Guaidó y su staff, que buscan acumular suficiente poder para forzar la caída de Maduro y abrir la transición venezolana en paz.

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